06 febrero 2006

Crónica: Saliendo de las cavernas Infernales (y II)

Queridos amigos seguiremos narrando las aventuras que quedaron en suspenso, de nuestros intrépidos heroes, aquellos que se encuentran en las profundidades de la misma tierra, huyendo y luchando cara a cara contra los servidores de la oscuridad. Sin más preámbulo dejo de parlotear y comienzo a narrar....

Dejada atrás la masacre, el peculiar grupo de guerreros formado por El mulo, Neon, Cornellius, el monje, Tavik y Falwik, prosiguieron montados en las vagonetas tunel arriba. Pasadas las horas y en previsión de una persecución inminente, dado el rastro dejado a su paso, se bajaron de su "comodo" medio de transporte para tomar un tunel transversal de menor tamaño. De esta manera fueron cambiando de tuneles para intentar despistar a todo posible perseguidor, hasta que, previsiblemente, un par de días después, se encontraron con un nuevo ensanchamiento de un tunel desde el cual se oian los iconfundibles aullidos de esas sucias criaturas que son los Giaks.
Se adelantaron Neon y Cornellius para investigar, y para su regocijo una ráfaga de aire fresco anunciaba el final del tunel, y una posible salida del infierno subterraneo en el que se encontraban. En una pequeña caverna se encontraban dos trolls dentro de unas fuertes jaulas metálicas, y más allá la luz del día.
El mulo no tardó en empalar con su mandoble a los dos trolls encerrados, y ya más tranquilos salieron a ver la luz del día.
El espectáculo no era muy alentador, la caverna daba al interior de un fuerte giak con una empalizada de tres metros de alto. Entre la salida de la caverna y la empalizada, diez extrañas construcciones a modo de gigantescos hormigueros hacían las veces de viviendas o dormitorios de estas repugnantes criaturas, además un hormiguero de mayor tamaño se encontraba en el centro del fuerte, posiblemente el dormitorio del jefe de este fuerte. También había una especie de cercado que contenía en su interior a cinco horribles y enormes lobos negros de siniestro aspecto.
La empalizada estaba custodiada por giaks en constante guardia, la única ventaja apreciable, era que la vigilancia parecía estar centrada hacia el exterior del fuerte, no hacia el interior.

Una amplia discusión sobre que hacer a continuación se extendió durante varías horas, mientras el sol bajaba hacía su ocaso, se propusieron varias opciones:
- Quedarse escondidos hasta la mañana en el interior de la caverna, eliminando a todo giak que se adentrase en la cueva, y por la mañana aprovechando la luz del día, intentar una huida.
- Salir lo antes posible, aprovechando la poca luz que queda, y así pillar por sorpresa a estas viles criaturas.
- Entrar en la construcción mayor, esperando encontrar en su interior al jefe y secuestrarlo para usarlo como rehen.
Al final contra la opinión de mulo y Cornellius, se decantó hacia la segunda opción. Se señaló un risco que sobresalía a lo lejos sobre el manto de arboles como posible punto de encuentro en caso de disgregación del grupo, y se comenzó poco a poco a salir aprovechando las sombras de la pared de la cueva.
Todo el grupo menos el mulo salió en una dirección, saliendo éste en dirección contraria. Llegaron sin problemas a una zonda de almacenaje, donde había carros, herramientas, y otros utensilios apiñados a la sombra de un tejadillo. Cuando se disponían a seguir andando, un Giak a unos 10 metros de allí dio la alarma señalando con su mugriento dedo en dirección al grupo.
Todos a excepción de Cornellius y el Mulo (que se encontraba a varios metros de allí), salieron corriendo, hacia la empalizada, aprovechando el desconcierto de los vigilantes que no esperaban un ataque desde atras, consiguieron llegar a la empalizada y saltar derribando a un par de Giaks, por el camino, cuando el último de los corredores, saltaba la empalizada, otro Giak descubrió a Cornellius, que hallábase oculto tras un carromato. Empezó a correr hacía las construcciones giak, esquivandolos con gráciles saltos, y quiebros espectaculares, rodeando los enormes hormigueros, acabó llegando a la empalizada, pero cuando se encontraba en la plataforma de los vigias dispuesto a saltar hacia el otro lado, un giak traicionero le embistió por la espalda haciendole caer. En este momento el mulo, salió de su escondite, para acudir en ayuda del pobre muchacho. A partir de aqui comenzó la carnicería, varios golpes propinados por los Giaks, que lo tenían rodeado, le hacían sangrar por numerosas heridas, haciendo uso de una sorprendente fuerza de voluntad consiguió saltar hacia el otro lado de la empalizada, con tan mala suerte que cayó sobre su brazo derecho, rompiéndoselo. Mientras se levantaba, los ballesteros apostados en la empalizada y en las torres de vigía, comenzaron a dispararle, acertándole varias veces en brazos, y manos. El mulo mientras tanto consiguió evitar a todos los giaks que intentaron cerrarle el paso, e invocando el poder de Gongar (su dios) saltó la empalizada, mientras los alfanjes de sus enemigos silbaban a su alrededor. Así ambos compañeros juntos se alejaron de la empalizada mientras los ballesteros continuaban disparando, impactando una vez más en el pobre Cornellius... finalmente llegaron al refugio del bosque donde tras unos pocos metros más Cornellius, cayó incosciente como consecuencia de sus numerosas heridas. Mulo le cargó sobre sus hombros, y siguió avanzando hacia el punto de reunión.

Durante la huida, unos siniestros aullidos iban poco a poco acortando las distancias, hasta que finalmente una pareja de enormes lobos negros montados por dos pequeños giaks, aparecieron entre los arboles, el mulo soltó a Cornellius y se dispuso a enfrentarse a estas temibles criaturas.
Empuñando en una mano un hacha y en la otra un espada, esperó hasta poder oler el espeso aliento de sus repugnantes fauces, hasta ver el amarillo de sus ojos sedientos de sangre, y entonces arrojó el hacha, que acabó incrustándose en el velludo craneo de una de las bestias, que cayó estrepitosamente al suelo aplastando a su jinete. El otro lobo infernal pasó a su lado, dando oportunidad a su jinete de intentar ensartar con su lanza al mulo, pero este logró esquivar el golpe, dandole tiempo a recoger el hacha y esperar de nuevo a la criatura. Pero el giak y su montura no se acercaron, temerosos del poderoso negro, se mantuvieron al margen mientras con un cuerno, llamaba a sus compañeros. El negro pactó con el giak para que dejase el cuerno a cambio de unas monedas de oro. El giak movido por la avaricia cedió al trato, y cuando dejó el cuerno y fue hacia las monedas, el negro lo espantó quedandose pues, con el cuerno y el dinero...

Unas horas despues, llegaron al punto de encuentro donde el resto de los compañeros esperaban. Una vez más el monje hizo uso de sus habilidades místicas para sanar parcialmente las heridas del pobre Cornellius, que permanecía inconsciente. Montaron una camilla improvisada, con unas pieles de troll que el mulo portaba, y siguieron la marcha, para alejarse de sus perseguidores y para buscar un río que les ayudara a orientarse, pues desconocían en que parte de Raabe se encontraban.
Al día siguiente, gracias a las milagrosas artes del monje, Cornellius recuperó la consciencia, y llegaron a un pequeño torrente, que fueron siguiendo hasta encontrar un río mayor, que a su vez les condujo hasta un gran río que finalmente reconocieron como el Aloe, es decir, que se encontraban al norte de la Espina, ¡habían cruzado la gran cordillera por debajo!
Ante esta nueva perspectiva decidieron seguir rio abajo hasta llegar a alguna ciudad, pero lo que encontraron fueron los signos de la devastación propia de los giaks, granjas arrasadas, hombres, mujeres y niños cruelmente asesinados. Durante el camino, un grupo de supervivientes se han unido al grupo, formado por una mujer y tres niños, cuya familia fue exterminada. Estos supervivientes, aportaron nueva información a nuestros heroes, parece que un señor de los reinos del norte se ha aliado con las oscuras fuerzas que rigen a los Giaks, su nombre Lord Vushep del clan Findal, señor de la fortaleza de Cabeza del Lobo y de la ciudad de Lakoburgo...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Pobre Cornellius!

Espero que ya esté recuperado y pueda dar un poco de matarile a esos apestosos orcos que tanto odia...

Irving el tunante dijo...

No sé, no sé, parece que el niño ha quedado muy pachucho, tanto que las artes del monje apenas le hacen levantar cabeza incluso empeñándose hasta caer inconsciente. Va a necesitar descanso y tiempo para que la sanación sea efectiva.
Esperemos que nuestros extraños heroes puedan tomar fuerzas antes de continuar su ruta o los cuervos de la fatalidad seguirán volando a su siniestra.

Capitán Sögul dijo...

Muy buena narración. Estoy deseando que llegue la siguiente entrega.
Por cierto, ¿Quién es Cornellius?...

Saludos!!

Angust McKlow dijo...

Cornellius, conocido en circulos más prestigiosos como Niebla, Vagnar, Cupa, el buzo loco, Dr. Cizañe, Psicorata...

Irving el tunante dijo...

Yo simplemente lo llamo "el niño" o "el niñazo", porque para la edad que tiene (apenas le salió la barba)es enorme y tremendamente peligroso con una espada en la mano.

Angust McKlow dijo...

Irving, la foto que has puesto en tu perfil, se sale.

Yelmo de Troll dijo...

En el campamento, junto al río, mientras termino de limpiar las pieles de los últimos trolls que he desollado, pienso. Miro a los niños que hemos rescatado y me siento triste por su suerte, su hogar destruido y sus padres muertos. No se me acercan, imagino que les doy miedo o tal vez mi aspecto les repugne. No les culpo, estoy acostumbrado.
Vivo en un mundo muy distinto al suyo. Llevo tantos años peleando, he cometido y he visto cometer tantas atrocidades, tantos horrores, que ya no soy capaz de llevar una vida diferente.

Mientras raspo el el áspero cuero con una piedra afilada, pienso.
Jamás se consiguió en este desdichado mundo nada bueno matando un ser humano.
Pero si alguien ha de morir, mejor él que yo.