01 junio 2006

Crónica: Es la hora de volver


Los dos norteños yacían incoscientes en el suelo, el monje se había encargado de curar sus heridas para evitar que se desangraran hasta la muerte, aunque en su fuero interno dudaba de si eso había sido un acto de piedad o una crueldad mayúscula.
El mulo miraba a ambos con ojos de depredador, sin dejar de afilar sus cuchillos. Wotan, no paraba de preguntar - ¿se han despertado, ya? -, con el cuchillo en la mano, indicando que su pregunta no simbolizaba preocupación por la salud de los heridos. Pero el que más inquietaba al monje, era Cornellius, pues miraba de reojo a los norteños tendidos en el suelo con una siniestra sonrisa, que se transformaba en ocasiones en una risilla nerviosa.

Por fin, los dos jinetes norteños recuperaron la consciencia y más les valdría no haber despertado nunca, pues lo que sucedió a continuación no lo podían haber imaginado ni en sus peores pesadillas.
Tras ser interrogados y amenazados, los dos prisioneros contaron que pertenecían al clan Grejeon, siempre fiel al clan Findal, iban de Lakoburgo a los dominios de su clan. Pero hasta aquí duraron las bondades, se acabó el interrogatorio, y comenzaron los golpes, amenazas psicológicas, culminando toda la sesión, en un horrible ritual sádico perpetrado por Cornellius, donde las lenguas de ambos hombres fueron cruelmente cortadas. El monje poco pudo hacer, salvo cauterizar sus heridas para, una vez, más impedir su pronta muerte.

El siguiente paso, era retomar la marcha para alcanzar al grupo de Giaks con los prisioneros, pues ahora contaban con caballos y previsiblemente antes de anochecer podrían encontrarse con ellos. El que hacer en ese momento era algo en lo que preferían no pensar. Se llevaron consigo todos los caballos de los norteños así como a los prisioneros por si llegado el momento era necesario negociar.

Es de mención notar que tanto Wotan, como el monje, solo habían visto caballos de lejos, nunca antes habían montado en uno. Pero pese a algunos percances iniciales, lograron ensillar y comenzar la marcha.

KraanCuando apenás llevaban unas horas montando, un enorme pájaro infernal apareció desde el horizonte. Realizó un par de vueltas de reconocimiento a gran altura, siguiendo su camino hacía el oeste. Pero entonces, para sorpresa de todos, el mulo, sacó una cornetilla que había robado a un Giak hace unos días, y comenzó a hacerla sonar, a la vez que hacía numerosos aspavientos. El gran pájaro giró y volvió ha girar en grandes círculos sobre el grupo de jinetes, solo que esta vez a menor altura. Debido a la inclinación del pájaro, pudieron comprobar que iba montado por una criatura humanoide, de siniestro aspecto. Tras unos instantes de tensión, el pájaro emitió un penetrante chillido y partió rumbo norte, hacia Lakoburgo, el lugar desde donde presumiblemente había venido.
Es facil suponer que los más de dos metros de altura y su siempre amenazante aspecto, disuadieron al resto del grupo a preguntar al mulo porqué había hecho semejante tontería, igual es debido al estrés de guerra.

Unas horas después acabaron alcanzando al grupo de Giaks, cuyo número había aumentado a lo largo de los días conforme se le iban uniendo diferentes grupos. Ahora se contaban por varias decenas, yendo casi la mitad de ellos montados a lomos de lobos infernales.
Conforme el grupo se acercaba a los Giaks, estos comenzaron a aminorar la marcha y a formar en círculo en previsión de cualquier incidencia, dejando a los prisioneros que aún vivían en el centro.
Manteniendo en todo momento las distancias, el mulo comenzó a lanzar imprecaciones, a los Giaks buscando que estos abandonaran la seguridad de la formación, en un ataque, a ser posible, solitario y suicida contra el enorme jinete montado a caballo.
En varias ocasiones los Giaks intentaron avanzar para encontrarse con el grupo, pero estos siempre mantuvieron una distancia prudencial. Wotan intentó acertar con sus flechas a alguno de los líderes Giaks, pero sin demasiado éxito, éstos por su parte aprovecharon también un par de momentos para lanzar una andanada de saetas con sus ballesteros, pero también con poco éxito.
En uno de los avances de los Giaks, nuestros “héroes” decidieron que sus prisioneros se bajaran del caballo. Pese a los intentos de negarse de estos, fueron cruelmente abandonados. Y así, atados, mutilados, y malheridos, fueron masacrados por los primeros lobos infernales que les dieron alcance, poniendo fin a su sufrimiento para siempre.
Cuando el sol estaba cerca de ocultarse, se decidió, sabiamente, que no era conveniente estar cerca cuando se hiciera de noche. Por lo que comenzaron a marcharse, pero el joven Wotan no pudo reprimir su impulso hormonal, y decidió hacer una rápida cabalgada a lomo de su caballo acercándose lo más posible al nutrido grupo de enemigos, a ver si entre los presos podría ver a su amiga. Cuando creyó haberla visto, y ya se volvía una andanada de saetas salió disparada en su dirección con la mala fortuna de que una le acertó en la pierna y otra en plena cara, eso junto con su inexperiencia como jinete provocaron que cayera al suelo, quedando ahí aturdido y medio muerto.
Un enorme aullido de alegría multitudinario salió del grupo de Giaks, del que unos cuantos Lobos Infernales salieron raudos a cazar a su nueva presa.
Los compañeros de Wotan sin pensárselo dos veces, emprendieron a su vez una carrera para alcanzar a éste antes que los lobos. Wotan aturdido comenzó a correr en dirección a sus amigos, pero cuando apenas llevaba unas pocas decenas de metros, cayó inconsciente debido a sus graves heridas.
El mulo, fue el primero en llegar, su enorme tamaño le fue de gran ayuda para agarrar a Wotan por el cinto y subirlo a la montura. Instantes después llegaron los lobos, con los que se cruzó esquivando las lanzas de sus jinetes. Cornellius, y el monje también se cruzaron con el grupo de los lobos, pero sin sufrir bajas por ninguna de las partes. Afortunadamente la mayor rapidez de los caballos frente a la de los lobos, les permitió poner tierra de por medio.

Y así llegó la noche, el monje curó como pudo las heridas de Wotan, pero este aun permanecería inconsciente unas horas más. La excelente visión en la oscuridad que posee el monje, les permitiría seguir avanzando, por lo que decidieron seguir la marcha por si los Giaks, habían mandado un grupo en su busca.
Fue una vez más, gracias al monje, que pudieron prevenirse, al ver éste, contrastadas con las estrellas un grupo de pájaros gigantes como el que habían visto el día anterior. Permanecieron ocultos bajo una estructura rocosa, hasta que los pájaros descendieron. Durante este tiempo Wotan se despertó pero aun dolorido y aturdido. Entonces decidieron proseguir la marcha. Al poco rato a unas pocas decenas de metros, destacada contra el horizonte, en una agrupación de rocas el monje vio la silueta humanoide y encapuchada. Cuando se disponía a avisar a sus compañeros, notó una desagradable sensación dentro de su cerebro, como si unos siniestros dedos hurgaran en su cabeza buscando donde existía un punto débil. Sin pensárselo dos veces, corrió hacia las rocas gritando, la silueta desapareció tras éstas, para momentos después salir montada sobre el enorme pájaro. El monje arrojó su lanza que rajó una de las alas de la enorme criatura, cayendo ésta y su jinete de nuevo al suelo.
Mientras tanto el resto del grupo encendió una antorcha rápida que tenían preparada para poder ver en caso de un ataque nocturno.
Cuando el monje llegó a las rocas de repente una extraña y sobrenatural oscuridad cubrió la zona, no permitiendo ver nada de lo que había en el interior. Decidió permanecer a la espera por si ocurría algo, y ocurrió que el mulo se introdujo en dicha oscuridad gritando como un loco. VordakTambién él notó esa extraña sensación dentro de su cabeza, pero se centró en golpear sin mirar en todas direcciones, entonces durante un instante, un ser con un cráneo pelado donde debería haber una cabeza apareció y le propinó un certero golpe en la pierna. En ese momento el mulo, invocó a su dios, y éste le otorgó la destreza necesaria para propinar un certero golpe en el cráneo de la criatura, rompiéndolo en pedazos. Y la oscuridad volvió mientras caía al suelo.

El resto del grupo dio buena cuenta del pájaro gigante, y el monje, tras concentrarse un rato decidió entrar de nuevo en la oscuridad para enfrentarse a la criatura si aún continuaba con vida. Así permanecieron varios minutos, rodeando la misteriosa área de oscuridad, hasta que de repente, igual que vino, se fue, volviendo a estar claramente iluminada por la luz de las antorchas. Buscando el cuerpo que había golpeado al mulo, solo encontraron una gran gema roja que Cornellius rápidamente cogió.
Tras examinarla durante un rato decidió que lo mejor era romperla, por lo que la estrelló contra una roca. El mulo se guardó los pedazos como recuerdo.
El monje volvió a usar de sus artes curando milagrosamente la pierna herida del mulo, pudiendo éste andar de nuevo y proseguir la marcha.

Pocas horas antes del amanecer, llegaron al linde del bosque, donde permanecieron descansando, hasta que se hizo de día. Cuando despuntó el alba, a lo lejos pudieron ver como otros tres pájaros gigantes, alzaban el vuelo, girando y explorando la zona, hasta que descendieron todos en un punto probablemente cercano al encuentro con su siniestro compañero. Poco después volvieron a alzar el vuelo, permaneciendo en la zona girando y al acecho, aunque una de las criaturas volvió hacia Lakoburgo. Un poco más protegidos por la cobertura de los árboles, siguieron camino hacia el Imperio, parece que tanta guerra y muerte, por fin les había agotado.

Así pues, volvieron por donde habían venido, eso si, esta vez a caballo. Avanzaron por senderos y caminos de los guardabosques, evitando en la medida de lo posible ser vistos. Para pasar desapercibidos todos embrazaron los escudos de los norteños asesinados, y el mulo se puso un yelmo, así como los guantes y la capa, para ocultar su caracterísitico color de piel.
Durante el camino Wotan preguntó a sus compañeros si les importaría que pasasen por el castillo del señor de su clan, para comprobar si su padre sigue con vida. Nadie puso inconvenientes.
Parece ser que durante los últimos meses, el padre de Wotan, había ascendido al cargo de castellano del bastión del clan Deurentyr, llamado “Tres Torres”, desde allí, simulando ser fiel al clan, organizaba a los rebeldes que se oponían a los planes del clan Findal, avisando siempre que podía de nuevas partidas de caza o de caravanas importantes para ser atacadas.
Pero tras el ataque al campamento de los rebeldes (ver capítulo anterior) Wotan lleva temiéndose lo peor.

Ocho días después llegaron a una encrucijada desde la que se llegaba a Tres Torres, el camino subía hacia las montañas, a media tarde llegaron a un siniestro lugar dominado por dos cabezas clavadas en estacas a cada lado del camino, que a partir de aqui estaba toscamente empedrado. Conforme subían, el frío era cada vez mayor, y comenzaban a aparecer pequeñas manchas de nieve. De vez en cuando una cabeza empalada señalaba siniestramente algún hito en el camino. Por fin cuando la tarde ya caía, llegaron a la fortaleza. Una enorme mole de piedra oscura, descansaba sobre la ladera vertical de una montaña, tres torres destacaban, todas distintas en tamaño y forma, como construidas en distintos momentos de la historia, el silencio y el frio eran la nota predominante.-¿Quién va? – gritó alguien desde las almenas sobre la puerta.
- Pertenecemos al clan Grejeon, y vamos de camino. Pedimos hospitalidad para pasar la noche.- Gritó Wotan.
De nuevo el silencio dominó la escena, Wotan aguzó la vista para observar detenidamente los muros, sobre ellos en sendas estacas había más cabezas, y una de ellas le era conocida, la cabeza de su padre. Beric Wodgroy, del clan Wodgroy...
En ese momento las puertas de la fortaleza comenzaron a abrirse con un profundo chirriar.

Cuatro hombres armados aparecieron a cada lado de la puerta, en sus escudos pintados de amarillo destacaban dos alas rojas. Un quinto hombre comenzó a andar pasando entre ellos en dirección al peculiar grupo que esperaba en la puerta, su gesto era conciliador. –Los hombres de Grejeon siempre son bienvenidos. Pasad y descansad esta noche en paz en esta, la casa Deurentyr....

7 comentarios:

Wotan dijo...

Si es que la primavera es lo que tiene que uno solo piensa en lo que piensa en vez de "machucar"(?) Guiaks.

El gran momento es cuando después de pasar como una hora pensando una forma de liberar a los prisioneros con alguna estrategia rebuscada al final "El mulo" enseña su gran culo negro a los Quiaf, ja jaja y empieza a entonar una cancion (al puro estilo bardo): a machucaaaar... a machucaaaar...

Total que no se como aún seguimos vivos.

Yo que pensaba que me retiraría cual PNJ a una granja de caballos perdida de todo el caos en el que se sume el mundo con Regela... bueno, la verdad es que solo fue un royo de un mes. Además ahora mismo solo debe quedar su cabeza (como un bonito pisapaleles) y sinceramente...lo unico que me gustaba era su cuerpo... }:D

Ragshalok dijo...

Diario de batalla. Dia 127.

Hoy ha pasaó algo mú raro, ibamos por el monte con la carne pá los amos, cuando llegaron unos tios que de lejos empezaron a gritá, insultá, y decí memeses. Intentamos pillarlos pero con sus asquerosos caballos siempre huían manteniendose lejos de nuestras bonitas ballestas.
Una de las veses nos dejaron a unos humanos hechos polvo, para que nos divirtieramos con ellos, no entiendo por qué.
Luego el más grande de ellos empezó a retar en un duelo al más fuerte de nosotros. ¿que se cree? ¿que soy idiota? el tio medía más de 7 pies y tenía al caballo arrunchao por el peso. Jur, a ver quien es el espabilaó que se pega con ese. Intentaba picarnos, insultando, en un momento dao hasta nos enseño el culo, le disparamos por si había suerte, pero el cobarde estaba mu lejos. Ya le pillaremos dormido alguna de estas noches.
Cuando ya el sol estaba apunto de esconderse de una ves, uno de ellos se acercó lo suficiente para que le disparasemos, parece que buscaba algo, le dimos pal pelo, se cayó del caballo y tó, temiendo una trampa mandé solo a unos pocos a por el, y casi lo pillan, pero sus colegas se lo llevaron otra ves, esos malditos caballos, si no fuera por su sabrosa carne no servirian pa na. Despues de esto se piraron y no les volvimos a ver, he mandado un grupo a buscarles por la noche, pero no les han encontrado.
En fin, parese que no era una trampa, solo unos chalaos.

Seguimos camino, otro de los humanos ha muerto esta noche, los lobos aprovecharán su carne, jur, jur...


Teniente Ragshalok, división tercera de los Escarabajos sanguinarios.

Irving el tunante dijo...

El relato de ragshalok es magnífico...

Creo que sólo por eso deberíamos volver a rescatar a la chica de Wotam...

Vyigot Acromion, hermano de la Sagrada Congregación de los Hijos Errantes del Dragón.

Capitán Sögul dijo...

Muy bonita historia, creo que le falta el detalle de la tortura en plan Reservoir Dogs, pero muy buena la historia. Lo único es que visto desde fuera, sin vivir las sensaciones de la acción, todas las aventuras parecen iguales: Existe un problema, unos héroes y una serie de peleas para conseguir desacer el entuerto.
Seguid asi, que la historia aunque en mi opinión sea simple, engancha.
Saludos!!

Cornellius dijo...

Un par de puntualizaciones a la crónica:

1- La verdad es que si les corté la lengua a esos desgraciados no fue más que: a) para evitar tener que matarlos, aunque al parecer tenían el destino escrito a fuego en su alma... y b) para evitar seguir discutiendo otra hora más qué coño de plan ibamos a llevar a cabo que (como resultó evidente) al final daba igual.

2- No fueron TODOS nuestros "heroes" quienes decidieron apear del caballo a los dos norteños. A cada uno lo suyo señor cronista, que detecto una objetividad comparable a la de Federico Jiménez Losantos...

Cornellius dixit.

Yelmo de Troll dijo...

Mientras el monje interrogaba a los prisioneros me divertí un rato con el papel de asesino monstruoso afila-cuchillos y que exclama cosas como: “¿pero que más me gustaría a mí que no tener que matarlos?”. Algunos de mis compañeros llevaron la puesta en escena un poco más lejos, sus personalidades fueron suplantadas por el personaje que interpretaban. (Si, eres mi hermano de armas y protegeré tu vida con la mía, pero estás muy loco, chaval. Y si no te andas con ojo te vas a encontrar con la horma de tu zapato)

Por la mañana, observe en el aire una de esas criaturas aladas montadas por un saco de huesos con capucha. Revoloteando como una mosca sobre una boñiga. Vordaks se hacen llamar. Estupendo. A mí que no me llamen. Decidí sacar mi corneta y tocar una melodía que sólo él y yo podríamos entender. Tocaba a muerte. Le enseñé el cráneo de Gomli, alojado en mi saco, para que se fuera haciendo una idea de dónde iba a acabar esa misma noche. Eso si no le pulverizaba la asquerosa calaverita de un revés antes. Se fue disparado hacia Lakoburgo, para reunirse con su pandilla de calvorotas y comentarles:“¡Huy, lo que me ha dicho!”. Acusica.

Llegó la tarde. Nunca me había sentido tan frustrado…después de varios días dando caza a este grupo de piojosos energúmenos resulta que son tantos que no dejan hueco bastante como para repartirles un poco de estopa a mandoblazos. Sus prisioneros estaban a apenas cien pasos, a tiro de piedra, pero era un suicidio tratar de acercarse. Son patizambos y tuertos, pero no hay que usar los pies para apuntar con una ballesta y hace falta un solo ojo. Y un cerebro. Porque he comprobado que esta hedionda prole tiene disciplina y sangre fría, y son lo bastante sumisos y disciplinados como para representar una amenaza seria en una batalla.
Traté de usar todas las faltas de respeto y provocaciones que he aprendido desde Marnia hasta Raabe, pasando por Casia y todas las islas que conocí mientras me dedique a la marinería. Y cuando uno pasa cinco años enrolado en un barco pirata aprende algunas imprecaciones capaces de hacer perder la cabeza a cualquier criatura con un mínimo de amor propio. ¡Si hasta les enseñé el culo, encaramado a mi caballo y berreando como un loco! Ya se que no es una hazaña muy digna, pero no conozco a nadie que haya hecho algo así y haya vivido para contarlo. Y ya lo creo que lo voy a contar.
La verdad, me desahogué de lo lindo, hasta traté de retar a su comandante o al “campeón” de la mugrienta tropa, pero esa desdichada raza de tarados parece roma y aburrida, ni siquiera poseen la feroz creatividad y perversa ambición de los oscuros orcos de las leyendas, de los cuales parecen un aguado sucedáneo.

Aquí ocurrió algo que no comprendo…¿Por qué Acromius y Wotan abandonaron, heridos y enmudecidos previamente por Cornellius a los dos prisioneros en el camino de una carga de Jinetes de Lobos infernales? Se ensañaron con ellos, seguramente en parte por culpa de mis ingeniosos comentarios con los cueros al aire. Sin duda se lo merecían, pero, pobrecillos, que aspavientos hacían tratando de comunicarse con la sarnosa marabunta que se les echaba encima, como diciendo “¡Que somos de los vuestros!”

Frustrado por el atolladero en el que estábamos metidos el bueno de Wotan hizo justo lo que queríamos que hiciera al menos una parte de la patética banda de giaks: Separarse del grupo y ponerse a tiro, y pagó el error con un pequeño susto. Afortunadamente mi caballo pudo ahorrarle algunas probables magulladuras con un poco de ayuda por mi parte. El rescate de su amada era el objetivo de nuestra expedición, no es extraño que tratase de hacerse matar.

Y por fin llego al momento del día que justifico mi presencia en este cuento y doy sentido a mi vida . En la oscuridad de la noche y con un oportunismo e inteligencia que sólo hacen más grande nuestra proeza, el Vordak se asomó al camino y trató de hechizar al monje, hurgando en su mente. Acromius, el auténtico héroe de la jornada, le hizo huir, y cuando trataba de salir volando – si, volando - le arrancó prácticamente un ala a la montura de nuestro pelón enemigo. Aquí el siniestro asustaviejas comenzó a concatenar una serie de errores que provocaron su expulsión del terreno de la existencia. Trató de solucionar sus crecientes problemas ocultándose en un agujero oscuro, esperando a que, de algún modo, todo se solucionase. Mala idea. No me asustan las cosas negras (con la excepción de mi abuelo cuando se enfada) así que me metí en la niebla mágica a buscarle, tratando de percibir su presencia con el mandoble – si, también sirve para eso. Luego, probó a someterme con un sortilegio. Peor idea. Y eso que por la mañana le había enseñado el cráneo de Gomli, quien reside en mi saco por algo parecido. Y entonces tuvo la peor idea de todas. Trató de separarme de mi pierna, golpeándome tan traicionera como certeramente, para lo cual tuvo que mostrar su facha polvorienta durante una fracción de tiempo. Justo el suficiente para que, alabado sea Gongar, mientras caía al suelo, pude incrustarle la fría hoja de mi mandoble en la calva cocorota, y vi hacerse realidad la imagen con la que había estado mentalizándome desde hacía rato. Y es que los únicos planes que me salen bien son los que hago de aquí a unos instantes.

Agradezco a Acromius sus impagables cuidados y a Cornellius que me entregase los restos de mi enemigo, hechos literalmente polvo.

En fin, me siento feliz, pues hemos fracasado con los prisioneros que queríamos rescatar, pero hemos vengado su sufrimiento. Espero que llegue el día en que el timbre esta ridícula cornetilla inspire terror en el corazón a los siervos de la tiniebla de estas tierras.

El mulo - (El Medio Troll)

Capitán Sögul dijo...

Con tanto detalle, la historia mejor muchisimo más.

Saludos!